Hay huellas que ni con el mar…

Y es que ha sido tanto lo allí vivido…

 

¿Cómo olvidar los momentos vividos en las habitaciones 53 y 19 de Ruiz Hernández y en la 3 de Juan Mambrilla? Había momentos para todo…para reír y para llorar, para salir y también para estudiar, pero por encima de todo, momentos para compartir. Y es que cualquier situación era buena para reunirme con mis chicas, mis amigas, esas que hice la primera semana como residente. Y que hoy a la gran mayoría de ellas conservo, y a las que no, por circunstancias de la vida, me queda con ellas todo lo vivido, que fue mucho. Esos momentos en los que no había mal que no solucionásemos con una buena panzada a galletas chiquilín y chocolate con almendras de Valor.

¿Cómo olvidar el trato de las hermanas…los “canturreos” de Lola, el positivismo de Lidia o las conversaciones nocturnas y las manzanillas cuando me dolía la barriga, de Dosi? ¿Cómo olvidar sus caras de alegría cuando las cosas iban bien, en la cena de navidad y también en la fiesta de fin de curso? Su cara de dolor absoluto cuando la vida dejaba de sonreírnos y sus caras de mezcla y preocupación y a la vez confianza en nuestras épocas de exámenes? Y es que…no dejaban de ser nuestras segundas madres.

¿Cómo olvidar la que fue, ha sido, y será siempre mi segunda casa?

Gracias por todo y por tanto como olvidar… hay huellas que ni con el mar.

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